Copia de dos figuras de la escena "Enea Piccolomini coronado de laurel por Federico III", de Pinturicchio (fresco de la Librería Piccolomini de la catedral de Siena).
Milà i Fontanals, Pau [Vilafranca del Penedès, 1810 - Barcelona, 1883]
Técnica: Lápiz y acuarela sobre papel
Dimensiones: 35,6 x 26,2 cm
Fecha: c. 1840
Clasificación genérica: Dibujo
Inventario general: 1650 D
Ubicación: Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi
Observaciones:
Inscripciones: Se observan restos de tinta de un sello en el centro de la composición. Al dorso, sello de la Academia. Bibliografía: BENACH 1958, p. 48 (reprod.). Observaciones: Bernardino di Betto, denominado Il Pinturicchio (Perugia, c. 1454-Siena, 1513) realizó la decoración al fresco de la Librería Piccolomini entre el 1502 y el 1508. En esta serie de pinturas, dedicadas al Papa sienés Pio II (Enea Silvio Piccolomini) contó con la colaboración de un joven Rafael. En el dibujo Milà presenta dos figuras aisladas extraidas de uno de los frescos, de las cuales probablemente lo que más le interesó fue realizar un estudio de indumentaria. Esta acuarela es un ejemplo de los más de 900 dibujos de Pau Milà y Fontanals (miembro de número de la Academia desde 1851 (renuncia en 1856) y dede 1868) que conserva la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi, procedentes del legado de su hermano, Manuel, que fue entregado a la Academia el año 1907 por el sacerdote Josep Grau, siguiendo su voluntad testamentaria. En su mayoría, son copias de fragmentos o de obras completas de los artistas más representativos del primitivismo italiano -Giotto, Simone Martini, Fray Angélico, Altichiero, Masaccio...-, testigos de su viaje de estudios por Italia (1834-1841) y de su incondicional adhesión al movimiento purista. Asimismo, el conjunto incluye paisajes, dibujos de academia y estudios de anatomía, apuntes de copias de manifestaciones artísticas del medievalisme catalán y español, y estudios preparatorios y bocetos de composiciones originales del artista, de gran importància para el estudio del personaje, dado que casi no se conservan pinturas de su mano. Porque, al margen de que su producción fuera muy escasa, Milà abandonó muy pronto su faceta de pintor, básicamente de pintura religiosa y histórica, para dedicarse a profundizar en la doctrina purista, difundir con entusiasmo su teoría estética e intentar modernizar el sistema de enseñanza.


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